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Esta
Jornada Mundial por el Trabajo Decente, la novena que se celebra, lo hace en un escenario convulso en España, punto álgido de debate político, y punto álgido de cansancio en la
calle ante la incapacidad de los partidos para alcanzar un consenso después de dos procesos electorales en menos de un año.
La ciudadanía, hastiada de debates mediáticos, de desencuentros políticos y, sobre todo, de que aquí nada cambie aunque el gobierno en funciones se empeñe en lanzar el mensaje contrario
y hable constantemente de recuperación, no debe caer en la desidia porque ese es precisamente uno de los objetivos, que el cansancio pueda con la ilusión y con el convencimiento de que las cosas pueden cambiar y tienen que hacerlo antes que tarde.
Por eso, y aunque las reivindicaciones las llevamos a cabo cada día en los centros de trabajo, en nuestras propuestas a partidos y gobiernos y en las movilizaciones cuando la
negociación es infructuosa, este 7 de octubre, en lo que CCOO
entiende que ha de ser una jornada
de movilización y reivindicación, pero también de reflexión, tanto para el movimiento sindical como para los trabajadores y trabajadoras, saldremos a la calle en confluencia con el resto de
sindicatos coordinados por la Confederación Sindical Internacional, para poner en el escenario público nuestro trabajo diario y reivindicar, una vez más, el fin de la precariedad laboral y de
la pobreza salarial, la creación de empleo de calidad, pensiones justas, incrementar los salarios reales, en especial el SMI, y más protección social con la puesta en marcha, entre otras medidas, de
nuestra Iniciativa Legislativa Popular (ILP).
Son muchos los frentes abiertos que hay en estos momentos pero eso no nos va a amilanar porque nuestra convicción es firme y tenemos que seguir trabajando por los derechos, por la
libertad, por la justicia social, por ilusionar a la ciudadanía y, por concienciar al sector empresarial de que sin trabajo decente no habrá una reactivación del consumo interno y eso, a corto-medio plazo, es un perjuicio también para ellos, sobre todo para
el pequeño y mediano comercio que supone el 70% del tejido empresarial en Andalucía.
Además este año, el 7 de octubre tiene nuevas razones ante amenazas latentes que surgen con fuerza y que pueden poner en jaque el sistema comercial europeo tal y como lo conocemos
ahora con unas consecuencias nefastas para los derechos sociales, laborales y medioambientales.
Me refiero a los
Tratados de Libre Comercio
que están negociando las instituciones europeas de espaldas a la ciudadanía, con Estados Unidos (TTIP) y con Canadá (CETA).
Estos Tratados, sobre los que CCOO ha llevado a cabo varias campañas informativas, de movilización y de oposición,
darían lugar a una desregulación del mercado de trabajo, una reducción de los estándares laborales y sociales y la destrucción de puestos de trabajo en empresas menos competitivas, previsiblemente europeas.
España, en el colapso político y Andalucía, en un adormecimiento permanente, no parecen hacer mucha oposición a un asunto de tanta envergadura como este, como tampoco lo hacen por
avanzar y salir de un atolladero que mantiene a nuestro país bloqueado y a la mayoría social noqueada con casi cuatro millones de personas desempleadas en España, de las que un millón residen en Andalucía y 1 de cada 2 no reciben ningún tipo de prestación.
Los partidos gobernantes hablan de recuperación y de buenos datos cada vez que se publica el paro del mes anterior pero que haya menos paro no significa que haya más empleo ya que,
en Andalucía, la mayor parte de esa bajada no corresponde a nuevos puestos de trabajo sino al descenso de la tasa de actividad en el último año. O eso, o empezamos a pensar que por cada puesto de trabajo hay cuatro personas contratadas.
Han pasado nueve años desde la primera
Jornada Mundial por el Trabajo Decente que nació con el fin de denunciar la permisividad de los gobiernos ante los abusos de quienes buscan conseguir beneficios rápidos, a costa de los derechos laborales y sociales, y con el fin igualmente de visibilizar
el trabajo que los sindicatos realizamos cada día para defender esos derechos a través del acuerdo o de la movilización cuando el primero se vuelve imposible.
Lamentablemente, en estos nueve años, la agresión al mercado de trabajo ha ido a más y las razones para celebrar el
7 de octubre han ido en aumento, pero esa situación, lejos de amilanarnos como decía antes, tiene que hacernos más fuertes, sabiéndonos el altavoz y el muro de contención de los derechos de esos millones de
trabajadores y trabajadoras que en Andalucía, en España y en todo el mundo,
reivindican sueldos dignos, protección social,
empleo de calidad y, en definitiva, trabajo decente.
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